Entre 1970 y 1976, Enrique Cuenca y Eduardo Manzano protagonizaron “Los Polivoces”[1], uno de los programas de comedia más exitosos de la televisión mexicana. Conformado por un conjunto de sketches donde la dupla encarnaba a un grupo de personajes que invariablemente exponían alguno o varios de los rasgos puntuales característicos de los distintos modos de relación vigentes en el México moderno y, dado que todos los personajes funcionaban en pares, la propuesta permitía que los públicos observaran, identificaran/reconocieran y cuestionaran las conductas que prevalecían de forma específica en cada una de las dinámicas planteadas, en escenarios relacionales profundamente cotidianos que lograban resonar con la realidad de los telespectadores.

Naborita Gelatino es el culmen más grotesco de la posibilidad mexicana de maternidad abnegada. Además de trabajar como portera en la vecindad donde vive con el “hijazo de su vidaza
El éxito de estos personajes fue tal, que ambos fueron llevados a la pantalla grande a través de ¡Ahí, madre! (Oro Films, 1970), bajo la dirección de Rafael Baledón. La película se estrenó el 12 de noviembre de ese año y fue un hit absoluto entre los públicos mexicanos. El guion, curiosamente, no corrió a cargo de Mauricio Kleiff y Enrique Cuenca, sino del propio Baledón y de Roberto Gómez Bolaños, hecho que explica la superficialidad general del argumento y que, en modo alguno, corresponde o le hace justicia a la propuesta original de Kleiff y Cuenca, en términos críticos.