Fuente: Paco Morales Fecha: 3 de abril 2026, 12:00 PM
- Estremece la pasión y el llanto de una madre y la entrega de un hijo
- Más que una representación, un acto de amor puro y devoción infinita
Bajo el sol ardiente de este Viernes Santo, las calles de Boca del Río no solo fueron testigos de un recorrido histórico, sino de un profundo despertar espiritual. El Viacrucis viviente, encabezado por el párroco Guillermo Arturo Ramírez Martínez, transformó la cabecera municipal en un escenario de fe donde el amor a Cristo se hizo palpable en cada paso.
El momento de mayor intensidad ocurrió al llegar a la Iglesia de Santa Ana. Allí, entre el silencio respetuoso y las lágrimas de los fieles, se vivieron las últimas tres estaciones. Ver a Cristo en su entrega final no es solo un acto religioso es un recordatorio directo al corazón de que no hay amor más grande que dar la vida por quienes amamos.
La emoción se desbordó gracias a la entrega de quienes, más que actuar, prestaron su cuerpo para la oración. Abraham Alatriste, quien por tercer año consecutivo personifica a Jesús, lo hace despojado de pretensiones, movido únicamente por un sumo amor y devoción que logra traspasar la mirada de los espectadores.
Junto a él, la señora María Teresa Saavedra, como la Virgen María, personificó el dolor y la fortaleza de una madre que acompaña el sacrificio redentor, mientras que la interpretación de Miguel Mercado como Judas Iscariote nos recordó la fragilidad humana y la necesidad constante del perdón.
Al ver a Jesucristo (Abraham Alatriste) cargar la Cruz y a la Virgen María (María Teresa Saavedra) sostener el dolor de una madre, recordamos que cada azote y cada caída fueron gestos de un amor infinito por nosotros. Sin embargo, el silencio de este Viernes Santo no es de derrota, sino de espera.
Este Viacrucis viviente no fue solo una representación, fue un encuentro vivo con el Salvador que sigue conmoviendo los corazones de Boca del Río, recordándonos que el sacrificio de la cruz es la promesa eterna de esperanza y amor incondicional.
LA CRUZ NO ES EL FINAL, SINO EL CAMINO A LA VIDA
Este recorrido de dolor y entrega, que hoy nos estruja el pecho en las calles de Boca del Río, encuentra su sentido más profundo en las palabras del Evangelio: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16).
Que este Viacrucis viviente sea la semilla que haga florecer en cada familia una fe inquebrantable y un amor renovado.
Fotos: @Parroquia Señora Santa Ana
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